Amor:
A veces dejo de percibir el paso errante del tiempo y me torturo pensando en el fin de nuestro tiempo juntos. No es algo que me divierta, ni que me guste, ni que me haga sentir placer alguno más allá del que siente cualquiera que no ha sufrido al imaginarse sufriendo. Ocurre cuando recorro el camino solitario hacia mi hogar, respirando automóvil y desagüe desde una acera arbitraria en una calle o avenida sin importancia. Pienso en todas las maneras de perderte, las veo a todas tan cercanas que se transforman en fantasmas y parecen aferrarse a ti con sus fríos brazos y congelar mi respuesta con un soplido. Son los finales tristes de nuestro cuento de hadas, tan reales como la tristeza con la cual me asfixian.
Hasta mi hora favorita, el crepúsculo y sus colores que me muestran el camino a los sueños, hasta esa hora efervescente pierde su virtud. Los mismos colores ya no significan nada, ni siquiera nostalgia. Me imagino lo que sería perderte, y el reloj universal del tiempo se detiene. Es una certeza absurda: saber que el Sol se está ocultando por última vez para nosotros, simplemente saberlo a pesar de saber al mismo tiempo que no es más que una fantasía ilógica. Algo no puede ser dos cosas al mismo tiempo, pero en ese momento ni la lógica y sus leyes me pueden arrancar del absurdo en que me sumerge esa idea aterradora: estar sin ti. Escribirlo me provoca una sensación de malestar, como si cargara con una montaña de piedras en la espalda.
No es la soledad. No le temo a estar solo con mis pensamientos. Le temo a no volverte a abrazar y decirte lo que siento por ti, acercar mi frente a la tuya hasta que tus ojos se vuelven uno, y reírnos cuando pensamos lo mismo en el mismo instante sin intentarlo. Puedo soportar a esa mujer abrumadora que llaman depresión si existe posibilidad de verte, pero nunca podría llevar una vida sin saber que estás a una distancia inmediata como una llamada corta, diez minutos en carro, pocos centímetros a mi derecha, o kilómetros adentro de mi corazón. No me aterra la muerte; me aterra no saber con certeza si te volveré a encontrar después de sufrirla.
Pienso, luego de esta tortura, en mis errores. Estoy consciente de mi humana condición, y por ello acepto que jamás podré darte un tiempo considerable sin errores, perfecto. Puedo pedir perdón y abrazarte las rodillas, evitar tu mirada hasta que con tu mano llevés mis ojos de vuelta a los tuyos, abrazarte con alivio cuando pasa la tormenta. También puedo idolatrar cada movimiento de tus cabellos, obligarte a pedir un deseo con cada pestaña y no frustrarme cuando no te interesa algo que me parece maravilloso. Me es posible decirte que te quiero y no tener palabras para expresar cuánto, y cambiar el curso de mis sueños para que fluyan paralelos a los tuyos. No hay absurdos ni imposibles si de cumplir tus deseos se trata. Espero con ansias cada sonrisa, pues es lo único que alimenta mis ánimos para seguir vivo. Ya no me ilusionan las mismas cosas que lo hacían antes de conocerte, ya todo es trivial, ya solo tú sos mi absoluto y mi verdad.
Es inevitable que la roca que pateamos para entretenernos mientras caminamos por los senderos que nos corresponden se vaya despedazando sin que lo sospechemos, hasta que ya no lo podamos evitar. Hay que llevarla con suavidad, porque llegará más lejos y nos distraerá de la vida y la muerte por más tiempo. ¿Hay alguna forma de saber si las ambulancias que pasan a mi lado suenan por ti? Sólo existe un presentimiento, vago y transparente, pero real. Me dice que jamás podré saberlo, que aunque lo pueda saber jamás podré detenerlo, y aunque lo pueda detener jamás estaré en el lugar y momento precisos para evitarlo. Dice mi corazón que no pierda tiempo en prepararme para perderte, porque si llego a estar listo para dejarte ir la batalla ya está perdida. Jamás estaré preparado para perderte, ni aunque pasara cien siglos segundo a segundo contemplándote sin decir palabra.
Me conforta saber que mis sentimientos no los lanzo al aire sin dirección. Recordá, que nuestro amor puede hacer lo que nosotros queramos que haga. Dejo de sentirme triste, porque soy un río que conoce la inevitabilidad del océano que le espera, y corre con prisa hacia la caricia final.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

1 comentarios:
tengo tres niñas, y entro en conflicto con el tiempo del trabajo, kuando estoy ahi, no llego a estar con ellas, kiero dedicar mi tiempo a hacer las cosas q me hacen feliz, no a trabajar 9 horas diarias para conseguir una ridicula cantidad de "noseke" q apenas me permitira acabar el mes sinn causarme el problema mental de: "como pagare el alkiler de mi techo?, como comprare mas gasolina?, eske la comida es una mierda, y la comida llamada "biologica" cuesta un huevo y el otro tambien.
surya-art@hotmail.com
he leido los textos de octubre de 2005
me gustaria de hablar contigo.
Publicar un comentario