martes, febrero 07, 2006

Gotas

Y al observar el cuarto cubierto con gotas, reflexioné por primera vez sobre su origen y sus contenidos respectivos. Lentamente y con punzadas en el espinazo las examiné una por una y pude ver dentro de ellas los arranques ahogados contra él, omnipresente en mi vida pero insospechablemente lejos. Desde los años de lucha por dejarlo fuera, hasta por fin lograrlo dejando un sabor amargo en dos bocas, las gotas se han ido acumulando con rencor y hasta rabia; ahora casi no caben en el cuarto, y caen como estalactitas hasta casi tocar el suelo. El efecto es surreal: columnas de agua en la habitación. Por primera vez me he percatado de la existencia de tales gotas, y ahora vierto su contenido en esta página falsa, sin vergüenza.

Con mis débiles manos alcanzo una gota grande, y una luz acuosa e intensa reemplaza los colores de las cosas, asesinando mis pupilas. Me invade la ira, y me veo golpeando furiosamente paredes y puertas, dejando agujeros que penetran el tiempo y forman ventanas a un mundo de dolor y desesperación, a solas en un rincón, y las puertas agujereadas por mis puños sangrantes. La sangre invade mis ojos también y las lágrimas se mezclan con la gota, aumentando su tamaño. Como una sombra está él, desafiente y recio. Mis puños acartonados se dirigen contra él, y me encuentro de regreso en el cuarto, con una gota brillante en la mano y lágrimas en los ojos. Guardo la gota en un frasco.

Alzo mi mano para desprender un grupo de gotas perfectamente esféricas, y densas como la miel. Su luz ámbar casi no vive, y me penetra una sensación hermosa de paz. Veo las cosas más grandes, los techos más lejanos y las puertas más pesadas. Siento un repentino empujón y me encuentro a mi altura normal, pero en sus brazos. La inocencia me hace reír y tomarlo como un juego, pero en mi consciencia alterada entiendo que para él es más que eso, soy más que una sonrisa y un juego, soy una parte de él. En ese instante lo abrazo y trato de decirle que lo quiero, pero sólo puedo balbucear, pues no he aprendido a hablar. Las pequeñas gotas ámbar las coloco de regreso en su lugar. Me dedico a perseguir las gotas grandes.

Tomo una gota transparente, y ninguna sensación me invade. Con los ojos cerrados espero la teletransportación al laberinto de la memoria, pero nada ocurre. En su lugar veo innumerables imágenes dando vueltas en la gota, lentamente. Ante mis ojos desfilan los cuatro últimos años de mi vida, pero ninguna sombra o luz. No siento tristeza ni alegría, sólo vagas emociones que no se acercan a ninguna de las dos. Comprendo que en esta gota está lo que he vivido con él los últimos cuatro años: nada. Las lágrimas fluyen de mis órbitas vacías como nunca lo han hecho, mientras lleno esta página falsa y me doy cuenta del error que he cometido. Siento un peso en el corazón, y con rabia arrojo la gota contra el suelo. Desaparece.

Lentamente tomo las gotas oscuras y grandes, y todas van a parar al frasco. Luego de la limpieza de la habitación me doy cuenta de la escasez de gotas, de la total falta de columnas. Mis puños ya no están cubiertos de sangre, mis ojos han regresado a su lugar. Voy a llenar esta habitación, porque el tiempo que me queda es escaso. Me siento más liviano y mantengo el frasco en un rincón oscuro de la habitación, y al marcharme dejo la puerta abierta. Las gotas pequeñas han recuperado su fulgor.

Te perdono.

3 comentarios:

DudaDesnuda dijo...

Puede suceder que los perdones dichos debieran haber sido escuchados.

Besos y oídos.

Anónimo dijo...

Hueco

84 dijo...

Duda: pronto el perdón lo diré en persona. Estoy esperando la oportunidad nada más...

Anónimo: ¿? tal vez quien se refiere a mí como un cobarde (por lo menos así interpreto la palabra) debería tener el valor de decir su nombre. Porque su IP ya lo sé...

Gracias a ambos por los comentarios.